Para muchos visitantes Granada es el punto culminante de su viaje por Andalucía, y no es casualidad. A los pies de Sierra Nevada hay una ciudad en la que el pasado andalusí se sigue notando por todas partes: en la arquitectura, en las teterías, en el trazado de los barrios antiguos y en la manera de conducir el agua por los jardines. Desde la Costa del Sol, Granada se hace bien en un día, pero quien pueda se queda una noche más.
La Alhambra
La Alhambra es el conjunto de palacios y fortaleza que domina la ciudad, y es uno de los monumentos más bellos de Europa. Los palacios nazaríes, con sus yeserías, sus cúpulas de madera y sus albercas como espejos, dejan una huella profunda, y los jardines del Generalife que los rodean son bonitos de otra manera: más serenos, más verdes, con el sonido del agua como fondo constante.
Importante: reserva las entradas con mucha antelación, a veces semanas. El número de visitantes diarios está limitado y para los palacios nazaríes te dan una hora fija que hay que cumplir de verdad. Cuenta con al menos tres horas para todo el recinto.

Albaicín, Sacromonte y la ciudad
Frente a la Alhambra está el Albaicín, el antiguo barrio andalusí, de callejones sinuosos, casas blancas y patios escondidos. Desde el mirador de San Nicolás miras de frente a la Alhambra con Sierra Nevada nevada al fondo y, sobre todo al atardecer, esa imagen se queda contigo. Sube por las callejuelas en lugar de coger el autobús; se sube, sí, pero el barrio merece el paseo.
Más allá está Sacromonte, conocido por sus cuevas y su tradición flamenca. En el centro encuentras la catedral, la Capilla Real con las tumbas de los Reyes Católicos y la antigua alcaicería de la seda. Granada es además una ciudad universitaria muy viva, lo que se nota en los precios y en el ambiente. La cultura de la tapa es especial aquí: con la bebida suele llegar un plato gratis.
Sierra Nevada
Detrás de la ciudad está la sierra más alta de la península. En invierno se puede esquiar y en verano caminar entre cumbres de más de tres mil metros. La estación de esquí queda a una media hora del centro, lo que da lugar a la situación curiosa de esquiar por la mañana en marzo y sentarte esa misma tarde en una terraza junto al mar.
Aunque no subas a la montaña, la ves constantemente. Desde casi cualquier mirador del Albaicín las cumbres blancas asoman por encima de los tejados, y ese contraste entre la ciudad cálida y ocre y la nieve del fondo es una de las cosas que hacen a Granada tan fotogénica.

Qué ver y consejos
La Alhambra y el Albaicín son los grandes imprescindibles, pero reserva también tiempo para la catedral, una noche de tapas por la plaza Nueva y quizá un espectáculo de flamenco en Sacromonte. Reserva las entradas de la Alhambra por adelantado; el aviso no sobra.
Granada está a hora y media de la Axarquía, así que sal temprano si vas a pasar el día. Aparca en un parking en el borde del centro, porque el casco antiguo está en buena parte cerrado al tráfico de paso. La primavera y el otoño son las mejores épocas: en verano se pueden superar con creces los cuarenta grados y en invierno hace un frío llamativo para lo andaluz.
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